Annapurna: Camino a Manang

Durante los siguientes días, antes de mi llegada a Manang, avanzo por el valle sin percibir cambios notables en el paisaje que me rodea. El camino sigue convertido en una senda de barro y agua en la que la humedad, tanto de la lluvia como la causada por la espesa niebla, se acumula de forma ininterrumpida. El sol apenas se deja ver durante cortos periodos en los que, con sus rayos, hace brillar a los enigmáticos poblados que se suceden en las alturas.

pueblo

niebla

Pero, aun así, aunque no queda reflejado en la belleza que me rodea, como si la naturaleza se mantuviera al margen, la atmósfera se ha visto alterada de manera irreversible. Este cambio se percibe oculto tras la sonrisa de la gente que sale a mi paso a ofrecerme un lugar en el que cobijarme. O en forma de silencio tenso, entrelazado con los estallidos del inmutable río, indiferente a las tragedias de los que habitan al otro lado de sus dominios.

panorámica

panorámica_2

Ayer por la noche un deslizamiento de tierra sesgó la vida de más de veinticinco personas en varios poblados cercanos. Algo que, a fuerza de la costumbre, ya no genera eco más allá de las paredes de este valle. Una pareja que se aloja en la misma hospedería en la que yo me encuentro, ha tenido que dar esta mañana media vuelta al encontrarse el camino bloqueado por toneladas de barro y piedras. Pero por muy surrealista que parezca, estando como estoy a pocos kilómetros de donde ha sucedido, me resulta difícil no quedar embadurnado por la sensación de normalidad que a mi alrededor todos respiran. Nadie duda que mañana nos encontraremos el sendero abierto, gracias a los más de treinta soldados del ejército que al atardecer descienden por el camino, o a los habitantes de la zona que cada mañana se aseguran de que nada impida el flujo constante de visitantes del que muchos ya dependen. Y según vaya avanzando de poblado en poblado, la gente seguirá esperándome a un lado del camino, frente a su casa, con la sonrisa reflejada en sus ojos e invitándome con palabras amables y sinceras a tomarme un descanso mientras disfruto de los frutos de su cocina.

desprendimiento

desprendimiento_2
Aun siendo temporada baja, no es poca la gente que te encuentras en el trayecto

Se hace difícil encontrar el punto de conexión entre estos dos mundos. Al día siguiente, tras ponerme en marcha, me encuentro con tres enormes deslizamientos de tierra bloqueando el camino. Con cuidado de no resbalar ladera abajo, es bastante fácil cruzarlos siguiendo el rastro de pisadas grabadas en el barro. Enormes rocas y troncos destrozados flotan en la marea de tierra. Y poco después, la situación empeora. Una considerable porción del siguiente pueblo se ha convertido en una enorme explanada de barro, lugar en el que hasta hace dos noches, se levantaban las casas de varias familias. Y varios pueblos después, me encuentro con otro poblado partido en dos por una gigantesca lengua de tierra. Un riachuelo desciende por ella, empequeñecido ante el tamaño del tobogán de arena que lo rodea. Y a un metro a cada lado de este monstruo, se levantan las afortunadas casas que se han librado de la catástrofe. Al final del poblado decenas de nepalíes se hacinan en un restaurante que, en otras circunstancias, habría estado vacío salvo por la presencia de algún que otro turista. La gente se sienta a la mesa o en el suelo, con cuencos de comida caliente en sus manos. Esta es la primera vez que me encuentro de frente con la mirada triste y apagada de un nepalí.

lengua_tierra
La lengua de tierra

Estas situaciones no parecen ser algo extraordinario. Muy al contrario, todo me hace pensar que por estas fechas, en pleno monzón que se alarga más de lo usual, lo raro es no encontrarte con algún desprendimiento de tierra. La carretera, las terrazas de arroz, el exceso de agua,… no se cual será concretamente la causa. Pero como turista, no he sentido el peligro como algo tangible. Los locales me han aconsejado en varias ocasiones no caminar bajo lluvias intensas. Pero, con sus ingresos en gran parte obtenidos del turismo, siempre me los encuentro con los brazos abiertos y tratando que mi experiencia sea lo más agradable posible. Aunque eso signifique salir todas las mañanas con una pala a abrir el camino.

abriendo_camino
Habitantes de la zona tratando de arreglar el sendero
camino_roto
Un trecho del recorrido partiéndose en dos
arrozales
Terrazas de arroz
escabadora
Una excavadora trabajando en la carretera

Desde hace ya tiempo, la gente discute acerca de si merece la pena visitar el circuito del Annapurna. Muchos consideran que la hidroeléctrica que se ha construido junto al río, al principio del recorrido, así como la carretera que va hasta esta hidroeléctrica, cada vez más extensa, han conseguido dar al traste con la belleza del entorno en el que transcurre. Sin duda, sorprende encontrarte con un edificio de este tamaño y austeridad, escondido en un lugar tan recóndito, apartado de la civilización. Es chocante, y sin duda su presencia no resulta grata. Pero reducir el circuito del Annapurna a este edificio es subestimarlo. Los increíbles paisajes que se desvelan a lo largo del circuito, que puede llevar de diez a diecisiete días, bien se merecen la oportunidad. Sin desmerecer a la gente que te aguarda ni las historias que te esperan.

hidroeléctrica
La hidroeléctrica
maria
Vegetación autóctona

Poco antes de llegar al final del valle, subiendo por una larga y escarpada colina, me encuentro con una pequeña tetería en medio de la nada, regentada por una amable y longeva señora. Al encaramarme a la precaria terraza erigida sobre su techo y encarar por vez primera la panorámica que ha estado a mis espaldas durante la última media hora de trayecto, no pude evitar quedar hipnotizado. Frente a mí tengo un adelanto de lo que me espera durante los próximos días. Separado por la cresta de nieve que lo conecta al Annapurna IV, me encuentro con el hermoso pico del Annapurna II. Y algo más a la derecha, el Annapurna III se pelea con las nubes. Es la primera vez que mi mirada se posa sobre los picos en las profundidades del Himalaya. Montañas de una belleza singular, con una presencia única que nunca antes he sentido. Torres de hielo y roca representando un espectáculo digno de contemplarse.

annapurna_2_2
Annapurna II y IV
annapurna_2
Annapurna II y IV
annapurna_3
El pico del Annapurna III entre las nubes, y al fondo, Tilicho peak
ciudad_piedra
Un pueblo camuflado en la ladera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s