Annapurna: Día 1

Ya llevo un par de días en Nepal.

Tras dos autobuses y unas veinte horas de viaje, conseguí llegar de Benarés a la ciudad de Pokhara. Crucé la frontera en Belahiya, lugar en el que me subí a uno de esos minibuses que parecen estar hechos de una sola pieza de metal, y en los que nadie ha invertido tiempo en pensar acerca de la comodidad del pasajero. Aun así, acabó siendo un viaje de lo más interesante.

Al subirme en el autobús estaba solo, salvo por la presencia del conductor y del cobrador. Pero cada poco rato el autobús paraba de un frenazo y recogía un nuevo pasajero. Al poco tiempo ya íbamos hasta la bandera. Lo cual no debía de ser escusa suficiente para no seguir recogiendo gente cada vez que alguien levantaba el brazo indicando que quería subirse. Al menos para nuestro conductor, que parecía no ser consciente de lo apiñados que iban los pasajeros. Yo estaba sentado, pero los que iban de pie, que eran unos cuantos, no tenían más remedio que seguir apretándose cada vez más. Hasta que el autobús acabó transformado en un amasijo de brazos y cabezas, una especie de Twister en tres dimensiones. En un momento determinado del viaje llegué a contar hasta cinco personas agarradas del marco de la puerta, con el cuerpo colgando por fuera del vehículo. Ellos eran los únicos que no sufrían la ausencia de aire acondicionado.

El viaje me sirvió para entender por qué todo el mundo ama este país. Allí todos éramos adultos. Gente en apariencia seria y cuya gran mayoría estaría jubilada si eso se pudiera hacer en este país. Pero aun así, nos parecíamos más un autobús de colegio que a otra cosa. Cada vez que el conductor frenaba, la gente rompía en carcajadas. Con una sonrisa en la cara se apretujaban y conversaban entre ellos a voz en grito, como si fueran conocidos de toda la vida. Y como si, al igual que yo, fuera la primera vez que vivían una situación similar. Ni un solo mal gesto. Ni una sola queja. Esto es Nepal. Y por esto tenía tantas ganas de llegar.

PANO_20180912_171350
Phewa Lake, Pokhara

Una vez en Pokhara me tomo un día para descansar del largo trayecto y otro para organizar mi siguiente aventura: el circuito del Annapurna. La logística esta vez no me lleva demasiado tiempo. Una de las ventajas de internarte en los Himalayas es que, al menos en las rutas más conocidas, te encuentras con un poblado habitado cada pocas horas de camino. Eso te aligera mucho la mochila, aunque no la cartera. La idea es ponerme en marcha lo antes posible para evitar las masificaciones que se forman según octubre se acerca, mes en el que comenzará la segunda temporada alta del año. Pero evidentemente, hay una razón por la que la gente no viene antes, y no tardaré en dar con ella.

Hoy, mi tercer día en Nepal, me subo a un autobús que me deja en Besisahar, inicio del recorrido. Septiembre es todavía tiempo de monzón, con lo que esperaba no encontrarme con demasiados turistas. Pero la esperanza me dura poco. Nada más subir al autobús me doy cuenta de que está lleno de gente bastante más pálida que yo. Tras los dos meses que he pasado en la India, yo soy lo más parecido a un nepalí.

Durante el trayecto no consigo decidir que es lo que voy a hacer al bajar en Besisahar. No sé si adentrarme en el recorrido y ponerme a caminar inmediatamente, o si por el contrario debería subir a otro autobús para ahorrarme unos cuantos kilómetros del principio. Pero la duda se resuelve por si sola. Nada más llegar a Besisahar me entero de que un deslizamiento de tierra ha hecho impracticable la carretera, impidiendo el paso de cualquier vehículo. Asunto zanjado. Me interno en el recorrido feliz de haber encontrado una excusa para ponerme a caminar sin más tiempo que perder.

El camino es una mezcla de tierra húmeda, lodo y pequeños riachuelos que descienden por la ladera inundando la pista. Comienzo avanzando con cuidado, tratando de no mojarme los calcetines, pero enseguida me doy por vencido. Me veo forzado a dejarme de remilgos y a chapotear de charco en charco al son de la música que emiten mis pisadas. A la media hora de haber comenzado me encuentro con una excavadora que rebusca entre toneladas de tierra, tratando de dar con un camino que ya no existe. Una ligera llovizna me acompaña durante todo el día. El cielo se cubre de grises nubes que amenazan con soltar una lluvia intensa. De vez en cuando desaparezco entre bancos de ligera neblina. Y aunque voy empapado de pies a cabeza, ponerme el impermeable es algo impensable. Me derrito en una mezcla de lluvia y de sudor causado por la excesiva humedad.

Pero las inclemencias no me impiden disfrutar del entorno. En los tramos sin niebla veo como la senda recorre un enorme valle de bosques y arrozales. Un enorme rio divide el valle en dos. Algunas nubes han descendido demasiado y ahora parecen haber quedado encalladas en los árboles de las laderas, sin ser capaces de volver con el resto. Y sobre ellas, en las alturas, de vez en cuando aparecen pequeñas poblaciones perdidas. No hay camino que conduzca a ellas. Es como si hubieran sido olvidadas salvo por sus pobladores, en caso de que los hubiera. Esa misteriosa sensación de olvido que irradian las hace todavía más interesantes.

IMG_20180913_150952_2

Hoy, como he comenzado tarde a caminar, hago poco más de doce kilómetros. Es suficiente para darme cuenta del deplorable estado físico en el que me encuentro. Aquella persona que se fue de Perú preparado para cualquier aventura debe haberse quedado comiendo queso en alguna parte de la India. Me va a costar sudores recuperarme. Y lo peor de todo, voy a tener que empezar la aclimatación de cero.

Muchos días tengo por delante para lamentarme de ese impulso que me obliga a embarcarme en este tipo de berenjenales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s