Provincia de Jujuy

Me habían hablado muy bien de la provincia de Jujuy. Sin duda, una de las zonas de Argentina que no debía pasar por alto. Y por suerte para mí, no hice oídos sordos a la sugerencia. Tras mi estancia en Isla de Maipo y el Valle del Elqui junto a un par de familias que siempre recordaré y por las que no dejaré de estar agradecido de haberlas conocido, que por ser como son me trataron como a un hijo y acogieron con cheque en blanco, me puse de nuevo en marcha en un acelerado viaje en dirección norte. Algo me impelía a continuar con la siguiente etapa del viaje. A pasar de capítulo. A descorrer el telón de la siguiente escena.

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Un camión me dejó en Antofagasta, a 900 kilómetros del valle. Y aunque puede que fuera un error, no me detuve mucho tiempo en San Pedro de Atacama. No me sentí impulsado a ello. Puede que por ser esta ciudad un núcleo urbano destinado a satisfacer las insaciables necesidades del constante flujo de turistas. Sea como fuere, el hecho es que al poco de llegar me subí a un bus con dirección a Salta, capital de la provincia de Jujuy. Llegué atravesando el paso de Jama en lo que fue mi primera vez sobre la cota de los cuatro mil metros de altura. En ese momento no pude comprender por qué si avanzábamos por una carretera en buen estado, prácticamente recién construida, recta y despejada de todo tráfico, no rebasábamos los sesenta kilómetros por hora. Pero al poco rato percibí algo raro en mi respiración. Cada cierto número de inhalaciones me veía obligado a realizar una profunda, al sentirme de manera inexplicable sin suficiente oxígeno. Lo cual incluso me impedía conciliar el sueño. Comenzaba a sentir los efectos de la altura. Y tras la provincia de Jujuy vendrán Bolivia y Perú. Poco a poco tendré que ir aclimatándome si quiero poder disfrutar de esos dos países escondidos entre las nubes.

No sé cuantos kilómetros he dejado atrás durante los dos últimos días. No sé cuántos transportes he tenido que abordar. Necesito frenar para que el ritmo del viaje pueda alcanzarme. Dedico un par de días a descansar en Salta, disfrutando de la vivacidad de la capital, antes de continuar en dirección a Bolivia. Jujuy será el último lugar de Argentina que visite en este viaje. Argentina, país que aún solo habiendo rozado su superficie no ha sido capaz de defraudarme.

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Panorámica desde Pampalinda, Iruya

Visito el MAAM, el Museo de Arqueología de Alta Montaña. Me siento un total desconocido ante las tres criaturas que los Incas ofrecieron en sacrificio, otorgándoles así y sin premeditarlo el don de la eternidad. Tres niños que fueron enterrados en las cumbres de los Andes junto a muchos otros, y que gracias a las bajas temperaturas de los picos helados se han mantenido en un estado tal que parecen estar sumidos en el descanso eterno. Imbuidos en un sueño del que no serán capaces de despertar y que les ha mantenido ajenos al paso del tiempo. En este último instante de sus cortas vidas, de no haber estado irremediablemente con los ojos cerrados, habrían visto el tiempo acelerarse. Generación tras generación. Sin duda, si ahora los abrieran, preferirían mantenerlos cerrados. Continuar ciegos ante esta película de ciencia ficción.

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Tienda en Humahuaca

Los Incas tenían la costumbre de ofrecer en sacrificio a los hijos de entre los más nobles. Vestirlos con sus mejores atuendos y decorarlos con sus posesiones más valiosas. Obtenidas de los lugares más recónditos de su extenso imperio. Luego, eran enterrados en las cimas de la cordillera blanca, los Andes. Los pocos que han conseguido permanecer sin ser expoliados nos aguardan en urnas de cristal, como muestra de lo que la mente humana es capaz de sacrificar con tal de dar sentido a su existencia.

Tras Salta llegan Pumamarca, Humahuaca, Iruya, Yavi y finalmente La Quiaca, ciudad fronteriza con Bolivia. Descubro en estas tierras en apariencia yermas y monótonas, de colores apagados y aburridos, una belleza sin igual. Como si esta belleza fuese el reflejo de un momento en su memoria. Un instante de su vida que añoran. Altas montañas se moldean y cubren con el color rojo del último atardecer. Colinas enteras dibujadas de colores que les gustaría ver reflejados una vez más en el cielo, y así poder recordar al contemplar de nuevo un arcoíris la sensación de la última vez que la lluvia les acarició. Durante esta larga espera, sus colores no pierden intensidad. Brillan con la misma fuerza. Hasta que sus cañones vuelvan a inundarse con el sonido de torrentes de agua.

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Cerro de los catorce colores, Humahuaca
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Cerro de los siete colores, Pumamarca

Serendipia. El rincón más inesperado puede ser el que mayor satisfacción te aporte. Tras una marcha desde Iruya hasta San Isidro, tras caminar durante un par de horas por un lecho rocoso que visualmente no nos ofreció gran cosa, degusté la mejor empanada de queso que he probado en mi vida. Y descubrimos también unas increíbles bombitas. Quien iba a decir que este pequeño poblado de cuatro casas situado en mitad de la nada, con una escueta avenida y enana plaza central cuyos rótulos estaban escritos a mano, pudiera llegar a aportarnos tanto. Una única calle. Un único restaurante. En un lugar que también es único.

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A medio camino de regreso desde San Isidro
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Vistas desde San Isidro

En este punto de mi viaje la sensación de que el tiempo empezaba a escasear comenzaba a hostigarme. Eran muchas las cosas que me quedaban por ver y poco el tiempo del que disponía. Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, etc. Sin duda en esta provincia de Argentina me había encontrado con lugares increíbles, aunque me hubiera gustado disponer de más tiempo para pasear sin rumbo por las calles de Humahuaca, por ejemplo, y disfrutarlas por unos días como un local más. Me va a costar mantener bajo control esta corrosiva sensación de estar participando en una carrera a contra reloj. Y eso que me quedan todavía dos meses y medio antes de pasar a la segunda parte de mi viaje. La India. El problema es que seis meses no es ni la mitad del tiempo que se necesita para conocer la verdadera cara de Sudamérica. Aunque estoy seguro de que me iré con una idea bastante fiel a la realidad.

2 comentarios en “Provincia de Jujuy

  1. … la madre que te parió, que no tienes tiempo para ver el país como un local más? pero tú qué quieres? vivir mil vidas en un sólo viaje? qué le está pasando a tu percepción del tiempo? es el mal de altura o lo que tomas para sobrellevarlo? bua chaval, cuando vengas mañana de visita unas horas yo no sé si vas a poder percibirlo como un parpadeo siquiera… trataré de hacer muchas fotos y luego narrar tu visita fugaz para que te parezca más larga, que para mi lo será, pero larguísima, uf, unas horas, si es que no sé qué vamos a hacer con tanto tiempo. Manda carallo…

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