Fitz Roy

No es fácil describir el Fitz Roy con una sola palabra. ¿Cuántas letras se merecería tener? ¿Cuántas sílabas? Supongo que, de verme obligado a elegir una, me decantaría por algo así como “ostia copón”. En conjunto, no tiene mucho sentido ni es una sola palabra. Pero el Fitz Roy y su conjunto tampoco lo tiene, ni se trata de una sola montaña.

Es una maravilla de la naturaleza. La primera vez que tu mirada se posa sobre el Fitz Roy en su plenitud, rodeado de sus hermanos menores y formando una especie de estrado rocoso sobre glaciares y lagos, es difícil que no se te escape una exclamación de sorpresa. Pero inmediatamente te detienes y cierras la boca para no fastidiar el momento. Y te quedas contemplando fijamente sin parpadear esas montañas de color gris perfecto contrastando con el azul claro de una tarde despejada. Has tenido suerte de no encontrarlo oculto tras las nubes. Así que calla y disfruta.

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Mirador del Fitz Roy
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Dos senderistas porteños de origen italiano

Te detienes unos minutos. Observas y sacas fotos con cierto fastidio, ya que mientras las intentas retratar no te centras en lo realmente importante. Pero el día es largo y no puedes pasarlo ahí clavado. Te pones de nuevo en marcha y vas acercándote poco a poco, levantando la cabeza de vez en cuando para comprobar que siguen en el mismo lugar. A la espera.

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Vista durante la aproximación al lago de los tres, situado al otro lado de la colina que se ve en el centro, antes del Fitz Roy

Hasta que llegas al final, el lago de los tres, punto más cercano al que tienes permitido acceder. Y allí te quedas un buen rato mientras aprovechas para comer algo. Rodeado de decenas de personas que hacen lo mismo que tú. Sentados entre las piedras y dando mordiscos a un bocadillo que apenas miran ni saborean.

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Lago de los tres

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Entre esta imagen y la superior no habrá pasado más de media hora

Para nosotros fue un día duro. Hicimos una caminata de más de nueve horas nada más llegar a El Chaltén, tras haber pasado veintitrés horas metidos en un autobús. Pero en ningún momento durante aquel día nos arrepentimos. Y además, al día siguiente quedó claro que habíamos hecho lo correcto. Las nubes comenzaron a adueñarse de todo, creciendo con el transcurso de los días y ocultando los cerros bajo su manto. Si bien tuvimos suerte con el Fitz Roy, pasó lo contrario con el cerro Torre. Este parece ser bastante más esquivo que el Fitz Roy. Es mucho más difícil encontrarlo despejado, sin nubes. Nosotros, en los cuatro días que estuvimos en El Chaltén, no pudimos ni intuir su silueta.

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A la izquierda, cerro Solo. A la derecha, por debajo, el lago Torre. Y en algún lugar entre la blancura, el cerro Torre
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Glaciar piedras blancas. Se llega continuando por la ruta que lleva al Fitz Roy

Un cerro que parece haber sido relegado al olvido, pero que siempre está ahí, es el cerro Solo. Siempre solitario. Apartado del resto, aunque a la vista de todos. Como tratando de llamar la atención. Estoy aquí, miradme, por favor. Incluso cuando la mayoría de los cerros se encuentran cubiertos por una gruesa capa nubosa, él siempre se las apaña para quedar libre y al descubierto. Tratando de sobresalir por una vez. En busca de su momento. Como el extra que da un par de pasos laterales para entrar en el plano. Al final te apiadas y lo acabas mirando, y ves que ahora incluso tiene un arcoíris enfrente. Se las sabe todas el muy perro.

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Cerro Solo. El montículo que se aprecia a su izquierda sería el mirador de la loma del pliegue tumbado

Durante nuestra estancia en El Chaltén hicimos las tres caminatas habituales. Fuimos hasta el lago de los tres para ver el Fitz Roy. Paseamos hasta el lago torre, para encontrárnoslo nublado y ser expulsados por un fuerte viento. Y finalmente subimos a la loma del pliegue tumbado, desde donde una panorámica de 360 grados permite ver tanto el cerro torre como el Fitz Roy. Pero nuevamente todo estaba entre sombras blancas. Aun así, nos damos por satisfechos. Con haber presenciado el Fitz Roy en todo su esplendor es suficiente. Pensar en la gente que llega hasta El Chaltén con la mente puesta en el Fitz Roy, que luego tiene que regresar a casa habiendo visto únicamente un lago, eso sí que duele. A esa pobre gente solo le queda la opción de visitar cualquiera de las tiendas de regalos de El Chaltén y contemplarlo en alguna de las innumerables postales que lo retratan.

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Por aquí, lo que no es monte es estepa
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Aquí hay dragones
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Vistas regresando del mirador de las águilas
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El mejor tentenpié tras un día sin descanso. Cerveza artesanal y empanada de carne

4 comentarios en “Fitz Roy

  1. En dos palabras: cojón nudo. Vaya carica de cansados que lleváis al final de la jornada, pero que bellos recuerdos, y más vistos con tanta poesía. Abrazos

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  2. Impresionante leer y ver lo que nos cuentas con música tipo “Memorias de África”. Y ni se arrimará a lo que experimentasteis. Como sabéis ponerle el broche final!! Asko disfrutatu y sigue dándonos envidia!

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