Cataratas de Iguazú

Es complicado describir las cataratas de Iguazú. Como bien se cuidan en anunciar es algo que solo puede encontrarse aquí. Si no se tratase de algo fuera de lo común, la gente no se desplazaría miles de kilómetros hasta llegar al punto más al norte de Argentina con tal de verlas.

Comenzamos visitando la parte brasileña de las cataratas. No son tan espectaculares como la parte argentina y además el parque es mucho más pequeño. En una o dos horas probablemente hayas finalizado la visita. Siendo sincero esta visita me dejó un tanto indiferente, pero habiéndonos desplazado hasta aquí con el único propósito de visitar las cataratas, era algo indiscutible. Además, ¡ahora ya puedo decir que he estado en Brasil!

El punto álgido de la visita es una plataforma que se adentra en el río al pie de una enorme catarata en la que de no llevar chubasquero acabas mojado de pies a cabeza. Si es eso lo que buscas, también puedes subirte a una de las barcas que recorren el río hasta acercarse a pocos metros de la caída del agua.

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Final del recorrido brasileño

La parte argentina es otro cantar. El parque es enorme, con tres circuitos que te permiten pasear de lo lindo mientras aparecen cascadas por todos los lados. Poco a poco la perspectiva te va acercando, en caso de haber comenzado por el circuito inferior, que es lo recomendable, a la garganta del diablo.

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Este es el punto más impresionante del recorrido y en el que, obviamente, con más gente te vas a encontrar. Tras andar cientos de metros a través de unas pasarelas que recorren las cataratas por la parte alta, a unas decenas de metros de la caída, llegas a un enorme agujero. Como si le faltara una porción a la tarta.

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Garganta del diablo

Es una visión complicada de asimilar. Te quedas hipnotizado tratando de entender lo que ante tus ojos sucede, sin poder desviar la mirada y con la ligera sensación de que algo se escapa de tu comprensión. Sensación que por más observar no desaparece. Por eso mismo no quieres dejar de hacerlo. Te podrías pasar horas quieto, mirándolo todo con detenimiento, sin prisas y sin nada mejor que hacer. Viendo como una ingente cantidad de agua es tragada por la tierra y como de vez en cuando una enorme nube de agua se proyecta hacia el cielo, cubriéndote de un agradable sirimiri. Eso sí, tendrás que esperar a que se abra un hueco entre el gentío, pero merece la pena.

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Tras haber cumplido con el cupo de cataratas para diez años regresamos a Puerto Iguazú. Damos un paseo por el pueblo hasta llegar al mirador de las tres fronteras, punto desde el que se pueden ver las fronteras de Brasil y Paraguay. Y mira tu por donde que, de regreso al hostel, nos topamos con “El vasco de la carretilla”. La escultura de un hombre con gorra empujando una carretilla.

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En un primer momento nos llamó la atención, aunque ni por el forro nos esperábamos lo que tras indagar un poco descubrimos. Resulta que se trata de Guillermo Isidoro Larregi Ugarte, vecino de la Arrotxapea que con unos quince años emigró a Argentina. Se dedicó a subsistir trabajando generalmente como marino. Pero un día, dedicándose en aquel momento a la extracción de petróleo, una apuesta acabó empujándolo a la carretera tras la estela de una carretilla. Y de esta guisa, esta especie de Forrest Gump navarro que conocía unos cinco idiomas llegó a hacer más de veintidós mil kilómetros. Aquí podeis encontrar un documental. Tras preguntarle al dueño del hostel nos comenta que de pequeño llegó a ver su casa. Cuando Guillermo se aburrió de tanto andar se hizo una casa cerca de las cataratas rellenando latas de arena. La construyó a cuarenta metros de un río, a ciento cincuenta del salto de las dos hermanas. En lo que ahora es pleno parque nacional de Iguazú. Y allí se quedó hasta su ultimo día, viviendo supongo de lo que le daba lo que ahora es uno de los mayores reclamos de Argentina. Para que luego digan de los de Bilbao.

 

“Vivir el ritmo oculto de los campos abiertos llenos de sol. La emoción de la tierra Argentina, llena de generosidades. He aquí mi objetivo. Nadie me podrá quitar la dicha de ser dueño de mi propio destino”

Guillermo Larregui, 17 de agosto de 1938

8 comentarios en “Cataratas de Iguazú

  1. He leído que Brasil tiene las vistas y Argentina la vivencia de las cataratas.
    Y también una cita de Jorge Luis Borges que dice : Para el argentino la amistad es
    una pasión y la policía una mafia. …hay cosas que nos unen aunque estemos lejos.
    Buen trabajo , Julen.

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  2. Juleen! Buenas fotos y vaya historia la del vasco de la carretilla!

    Tras verme el video que has puesto y una ardua investigación he descubierto que Forrest Gump hizo 30.000 KM y el Vasco “solo” 22.000. Pero claro, Forrest llevaba unas nike y barba aerodinámica y el Vasco una carretilla llena de bártulos y vete tu a saber que zapatillas…

    Gran post,
    Bidai on!

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  3. Deberías comprar una pulsera que mida los kms que llevas tu andados con la mochila. De aquí a unos años puede que seas el vasco de la barba jeje!!

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