Colonia del Sacramento

Tras cruzar dos fronteras llegamos a Colonia del Sacramento. Apenas hemos pisado Buenos Aires, la dejamos para más adelante. En cuanto aterrizamos nos dirigimos a puerto madero, en donde embarcamos en un ferry que poco tiene que ver con aquel de filipinas que nada más salir de puerto encalló a unos doscientos metros de la costa.

Llegamos a la terminal de Colonia sin contratiempos para la hora de comer. Tras dejar todos los bártulos en el hostel damos una vuelta por el centro y para el final de la tarde prácticamente ya hemos visto todo lo que pretendía. Me esperaba encontrar una ciudad algo más grande, pero la prefiero así. Su tranquilidad relativa, ya que no somos los únicos turistas pateando sus calles, ha sido una grata sorpresa. En general el centro de Colonia es un lugar agradable por el que perderse: calles adoquinadas, calzadas irregulares que te obligan a permanecer alerta, edificios con tintes coloniales desperdigados por doquier, fachadas multicolores, etc.

Un punto negativo es el alto precio de las cosas. Al alejarse de la parte turística o tras una búsqueda algo más concienzuda se encuentran cosas más asequibles, pero según me han comentado en los últimos años los precios han ido subiendo paulatinamente. Me esperaba una Uruguay en la que el turismo todavía no ha acabado de explotar, de la que había oído le faltaban todavía unos diez años para convertirse en un país tan visitado como puede ser Argentina. Por eso no me esperaba pagar ocho euros por una cerveza y una limonada con jengibre. Ojo que no pretendo escurrir el bulto y echarle toda la culpa a la inflación. Digamos que la responsabilidad nos la repartimos al 50% entre ella y mi habilidad para dar a la primera con el lugar más caro en el que detenerse a por un refrigerio.

IMG_20180109_205450.jpg

El segundo día han comenzado las experiencias fuertes. Mi madre a conocido de primera mano en que consiste la supervivencia, enfrentarse a la jungla y subsistir por puro instinto, internarse en un entorno autodestructivo y salir indenme. Al despertarnos el agua de la ducha atascada del baño llegaba hasta a puerta del cuarto. Pero se necesita mucho más que eso para detenerla. Seguiremos analizando los límites de su resistencia.

Como ya hemos visto una gran parte del centro, toca día de relax. A la mañana un rato tostándonos al sol en una playa a orillas del mar de la plata, de aguas marrones y calientes que parecen café. Por la tarde un largo paseo de playa en playa hasta llegar a Real de San Carlos y llevarnos una sorpresa de última hora: el frontón euskaro. Actualmente cerrado a cal y canto, no hay una sola rendija por la que poder otear en su interior. Pero ver la estructura exterior del supuestamente mayor frontón de Suramérica ya ha sido suficiente.

IMG_20180110_181614.jpg
Vista de la parte frontal del frontón eúskaro. Esta fachada quedaría detrás del graderío.

Al parecer se encuentra a la espera de ser rehabilitado para entrar en el circuito mundial de cesta punta. Se verá si tal cosa es posible.

IMG_20180110_182200.jpg
Plaza de toros, también en desuso. Su estructura metálica interior fue construida de manera similar a las estaciones de trenes inglesas

2 comentarios en “Colonia del Sacramento

  1. Joder que nivel!!! como sigas a este ritmo no te va a quedar espacio en el blog!! Beti bezala ongi pasa hi! Ta ez utzi “piruetak” emateari!!

    Me gusta

  2. Se me había pasado este artículo! lo acabo de encontrar buscando si habías actualizado 🙂 ayer estuvimos de Brunch con Mikel y Kara, nos acordamos de ti. Abrazosss

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s