Jiuzhaigou

Tratamos de coger un autobús directo de Chengdu a Jiuzhaigou pero llegamos los últimos. Todos los autobuses están hasta arriba. Y son muchos. No nos queda otra que acercarnos hasta Songpan, ciudad a dos horas de Jiuzhaigou. Queremos ver el parque nacional de Jiuzhaigou que más de uno me ha recomendado. La primera vez que hurgué buscando información acerca de este parque me encontré con un montón de fotos, de sus lagos y ríos, que me hicieron anotarlo como un destino obligatorio. Tenía que comprobar si realmente todo aquello que mostraban aquellas imágenes era posible.

Como al final nos vemos obligados a hacer una parada en Songpan, trato de situarlo en el mapa leyendo lo que en la Lonely planet cuentan sobre esa ciudad. Según está guía y según lo que leo en internet las excursiones a caballo desde Songpan son bastante comunes. De entre todas ellas quizá la más conocida es la visita de tres días a la montaña de hielo. Me documento planteándome seriamente hacer algo por el estilo. Tres días a caballo tiene toda la pinta de convertirse en una grata experiencia. Si obviamos el estado probable en el que acabarán mis posaderas. Pero indagando me encuentro una y otra vez con opiniones que dejan mucho que desear. Dificultad de comunicación con los guías, frio, lluvia, tiendas de campaña agujereadas, ropa húmeda, mantas inexistentes o raídas, hambre, caballos famélicos, maltrato animal, etc. Algunas otras en cambio hablan de increíbles experiencias irrepetibles que te dejan con ganas de volver a intentarlo. Pero al final la incertidumbre junto con el coste total tanto económico como en días necesarios acaba inclinando la balanza en contra de la expedición.

Llegamos a Songpan por la tarde, nos alojamos en un hotel cercano a la estación de autobuses y nos vamos a dar una vuelta por la ciudad vieja de Songpan.  Atravesamos las enormes puertas de la gran muralla que la rodea y a la hora de cenar nos damos el lujo de una estupenda cena occidental en un hostel-restaurante regentado por una china con un inglés impecable. Esta mujer se muestra encantada de ayudar en lo posible mediante sus consejos y recomendaciones. Y aunque de primeras parece una mujer agradable y sonriente, percibo en ella la fuerte personalidad china a la que ya me he acostumbrado. Al poco rato me sorprende la impresión de que el tiempo que invierte en alguien parece ser directamente proporcional a las posibilidades de futuras ganancias económicas. Algo indiscutible es que la comida es deliciosa. Lo mejor que he comido en muchos días. Pero el precio es acorde al que te encontrarías en el lugar que influencia aquellos platos. Excesivamente caro. A estas alturas la dueña debe ser la persona más rica del pueblo.

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Al día siguiente llegamos al parque a las once de la mañana. Como ya nos esperábamos está hasta la bandera de gente. Tan concurrido como cualquier invasión zombi medianamente decente. Dentro del recinto varios autobuses recorren el parque de norte a sur siguiendo una ruta en forma de Y, de forma que se hace posible visitar la mayor parte del parque en un solo día. Al llegar tarde nos vemos obligados a apretar el paso para abarcar el mayor área posible. Y como ya es costumbre para ahorrar tiempo lo primero que nos quitamos es la parada para comer.

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Aquel sitio es increíble. Lleno de lagos turquesas y ríos que inundan bosques enteros. Un lugar idóneo para pasear con tranquilidad. Las paradas de los autobuses están abarrotadas de gente, pero a nada que te alejas cincuenta metros de estos lugares te encuentras prácticamente a solas. Por ello decidimos prescindir de movernos en autobús y tratamos de ir andando de una parada a la siguiente. De esta forma nos encontramos con unas vistas muchísimo mejores del maravilloso entorno que nos rodea. Caminamos sobre pasarelas de madera prácticamente desiertas que sortean árboles y se elevan medio metro sobre el cauce de los ríos. Me entran ganas de parar, sentarme y dedicarme a mirar. Observar el movimiento de una cascada que parece detenida. Bosques de árboles vestidos de musgo cuyas raíces permanecen ocultas bajo cristalinas aguas. Todo un acierto haber viajado hasta aquí.

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Al día siguiente por la mañana nos subimos en un autobús de vuelta a Chengdu. Nos tomamos la última tarde que pasaremos juntos con tranquilidad, para pasear por esta ciudad que salvo por su Zoo de pandas me es del todo desconocida. Tomamos el té en una tetería en la que trabaja una conocida de Manlio. Una china muy guapa, maja y agradable que nos sirve el té mientras nos da conversación. Tras bastantes tazas del mejor té que he probado hasta la fecha nos despedimos de ella y nos vamos de visita a un templo taoísta. En este templo la gente entrena, pinta, juega a la versión china del ajedrez, el xiangqi, y reza. Asistimos a una ceremonia funeraria realizada bajo petición de uno de los presentes, quien tras finalizar el rito da un sobre con dinero a cada uno de los monjes presentes. En esta ceremonia un coro de monjes canta acompañados de unos cuantos instrumentos de cuerda. Nos quedamos hasta el final sin poder dejar de escuchar aquella adictiva melodía.

Tras el templo taoísta damos la vuelta por un parque contiguo. En él un montón de gente juega a bádminton en improvisadas pistas, hace gimnasia o practica algún tipo de extraño bailoteo. Aprovechando la tranquilidad del parque Manlio se ofrece a darme una clase rápida de Qigong, oferta que por educación y por no desperdiciar la oportunidad de nuevas experiencias acepto. Sin duda el Quigong es lo que me esperaba.

Se trata de un sistema que coordina determinados movimientos y posturas corporales con la respiración y la meditación. El Qigong se suele usar con fines medicinales, espirituales e incluso como entrenamiento en diversas artes marciales. Su principal objetivo es restaurar el equilibrio del chi, lo que viene a ser la energía vital. Esta energía supuestamente recorre nuestro cuerpo a través de diversos canales energéticos atravesando nuestros órganos principales. El dan tien es el punto de equilibrio, el centro de nuestro cuerpo. Está situado algo por debajo del ombligo. Infinidad de razones pueden llevar a la sobrecarga de energía de alguno de nuestros órganos o a que estos se queden sin ella, por lo que mediante el Qigong sería posible restaurar el equilibrio corporal, evitando que con el tiempo surjan los males que nos aquejan. Enfocando nuestra concentración en el dan tien, realizando lentos y fluidos movimentos con los brazos y flexionando las piernas mientras vamos soltanto el aire de los pulmones, se libera la energía negativa y se absorbe la energía de la naturaleza circundante.

Lo más curioso es que en función de a qué quieres dedicar la práctica, la tienes que hacer de una manera diferente. Cada órgano está relacionado con un color, un sonido y un sentimiento: la ira, la envidia, la seguridad; el corazón, los pulmones, los riñones; el rojo, el naranja, el verde. Por lo que en función del sentimiento u órgano que quieras trabajar, debes imaginarte una esfera de dicho color en tu dan tien y ejecutar determinados movimientos con los brazos mientras al soltar aire emites un sonido específico. Y esto sería la explicación abreviada de alguien que realmente no entendió demasiado bien de que trataba todo el asunto.

Fue curioso, aunque en ningún momento me vi siguiendo con la práctica del Qigong. Me resultó mucho más irreal, mucho más difícil de digerir que el curso de meditación que hice en Indonesia, el cual al fin y al cabo solo se basa en las experiencias personales que vas atravesando. Demasiadas cosas que deben darse por hecho. Pero aun así veo posible que su práctica te pueda acarrear algunos de los beneficios que aporta la meditación. Si crees en lo que haces, la relajación y el deshacerte de las tensiones del día siempre es positivo. Sin tener en cuenta que al practicarlo haces ejercicio. Adquirir una rutina diaria no puede dejar de ser bueno. A cualquiera se le ocurrirán cientos de hábitos mucho más perjudiciales para la salud. Pero con todo eso, aquel día en medio del parque yo no podía dejar de sentirme como un estúpido.

 

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