Tokio

IMG_20150728_165230~2Tras más de dos semanas recorriendo el suroeste de Japón llego al que va a ser mi último destino antes de volar hasta China. Como sucede siempre que deseas que algo perdure, el tiempo se me ha pasado volando. Habría estado bien disponer del doble de tiempo para visitar algunos de los innumerables lugares que me quedan por conocer. El norte de la isla principal, la zona de Nagasaki, la isla de Hokkaido,…mucho queda en el tintero. Aún así el viaje todavía no ha finalizado y además desde mi llegada a Japón he estado aguardando el momento de perderme entre las calles de Tokio. Y por fin ha llegado la hora. He reservado cinco días para conocer esta misteriosa ciudad. Cinco intensos pero cortos días que debo aprovechar al máximo. Tokio es sin duda la joya de la corona. Ciudad en la que confluyen todas las rarezas de la cultura japonesa y donde alcanzan su máximo apogeo de extravagancia. Muy pocos creo yo, por no decir nadie, pueden mostrarse indiferentes ante un lugar así. Estoy seguro que tras cinco días pateando sus calles me quedaré con la sensación de apenas haber rozado la superficie.

IMG_20150730_135127~2Nada más llegar vamos a ver Kabuki. Es decir, teatro japonés tradicional. Conseguimos con un poco de suerte las últimas entradas disponibles, que son en la parte más alejada del escenario y sin asiento. Como todavía hay unas cuantas palabras japonesas que se nos escapan alquilamos un traductor automático, pero este no traduce el guión sino que explica el contexto general al inicio de cada escena. Por lo tanto, hay bastantes cosas que dejamos de entender, como comentarios jocosos que algunos de los actores sueltan de vez en cuando provocando carcajadas entre el público autóctono. Aún así se hace suficiente la actuación de los actores para conocer lo que sucede, que hacen muestra de una increíble habilidad para transmitir sus sentimientos al público. Y digo actores porque desde hace años solo ellos pueden participar en este tipo de teatro. El kabuki curiosamente en origen comenzó siendo terreno de mujeres, pero un shogun escandalizado (in Wikipedia we trust) les prohibió actuar en este tipo de obras y desde entonces tanto los papeles masculinos como femeninos son interpretados por hombres. El vestuario suele ser espectacular y la escenografía algo digno de ver. Una de las cosas que más me gusta de la obra es el escenario, que tras cada escena gira para dejar cara al público el decorado de la siguiente.

IMG_20150711_101528
El mercado de los pescados de Tokio

Esa misma noche decidimos ir a la subasta de atunes que se hace casi todos los días en el mercado del pescado. Antes de llegar a Tokio habíamos analizado la Lonely Planet para hacer un listado de cosas que podíamos visitar. Según la guía, asistir a una subasta de atunes era de las prioritarias. Comienzan a las cinco y media de la mañana aunque debido a la fama que han adquirido hay que ir bastante antes. De lo contrario uno corre el riesgo de quedarse sin sitio. Decidimos que lo mejor es llegar hacia  las tres de la mañana. Tomamos un par de cervezas para hacer tiempo y cogemos un taxi que nos lleva hasta el mercado. Aprovecho para entablar una distendida conversación con el conductor valiéndome del poco japonés que soy capaz de chapurrear. Puede que sea a causa del líquido ambarino que recorre mis venas, pero hasta yo me quedo sorprendido de la habilidad que he adquirido durante los últimos días. ¿Es este coche japonés? ¡Qué calor hace aquí! ¿En serio? ¡Si, así es! ¿A que es increíble? A las dos y media de la madrugada hace de todo menos calor, pero no sé como se dice frio. Parece que es mi noche de suerte porque aunque a duras penas entiendo alguna de las palabras con las que me contesta, cualquiera diría que estoy hablando con un taxista madrileño por la fluidez de nuestra conversación.

IMG_20150728_052909~2
Clientes analizando los atunes

Llegamos al mercado y vemos que no somos los primeros. Ya hay más de veinte personas en la sala de espera. Tenemos que hacer tiempo hasta las cinco y media. Es decir, dos horas y media sentados en el suelo muriendo poco a poco mientras la gente trata de hacer de todo para hacer que el tiempo pase más rápido: chistes, acertijos, crucigramas, meditación, siestas, etc. Aun así, nos habríamos olvidado enseguida de las más de dos horas de nuestra vida que malgastamos allí sentados de haber presenciado la subasta de atunes que nos habían prometido. Cosa que es evidente no sucedió. Cuando por fin llega la hora nos dirigimos a la zona de la subasta escoltados por uso cuantos policías que nos llevan a través del mercado a modo de rebaño asustadizo. Al entrar vemos en el suelo hileras de enormes atunes congelados que son analizados por potenciales clientes que pica en mano comprueban la calidad de cada uno.

IMG_20150728_053354~2
Hileras de atunes gigantes

Tras pasar unos cuantos minutos observándolos por fin dan comienzo a la subasta. He visto señoras comprando el pan con mayor intensidad. No pasaron de tres gritos y varios alzamientos de manos, y antes de darnos cuenta ya habían finalizado. Nuevamente empujados hacia la salida por los policías abandonamos la subasta para dejar paso a la siguiente remesa de ovejas fotógrafas. Sin duda nos sentimos estafados porque esperábamos mucho más. Porque nos habíamos pasado la noche en vela para finalmente darnos cuenta de que apenas había algo que ver. En el teatro habíamos conocido a un chico que según nos dijo ya había estado dos veces en la subasta. La primera debió de ser algo increíble y la segunda un rotundo desastre. Por lo que al parecer simplemente tuvimos mala suerte.

IMG_20150729_142554~2
Akihabara

Al día siguiente fuimos a una de las zonas más conocidas de Tokio: Akihabara. Es un barrio plagado de edificios con fachadas ocultas bajo enormes paneles publicitarios de brillantes luces y chillones colores. Pachinkos de ocho plantas, enormes tiendas que venden cosas de todo tipo, en Akihabara hasta las cafeterías parecen de otro mundo. No hay nada que no esté desproporcionado en algún sentido. Comenzamos visitando el Don Quijote, una tienda de varios pisos en la que se vende desde planchas hasta calzoncillos de Shin-chan, pasando por maletas y cartas porno. Tras cerca de una hora paseando entre sus estanterías a la caza de cosas extrañas, fuimos a tomarnos un descanso en el Home café, una cafetería situada en el mismo edificio. El home café es archiconocido debido a sus camareras de edad indeterminada (diría que entre los dieciocho y los veintidós, aunque ninguna aparenta más de 16) que van vestidas a modo de sirvientas francesas. Hablan siempre con un aire-tirando-a-huracán de timidez y sumisión rayana en lo absurdo, que te deja en el cuerpo la sensación de merecerte un par de años de cárcel solo por el hecho de mirarlas. Parecen niñas inocentes que nunca han roto un plato hasta que, cuando ya es tarde, te das cuenta de que te has metido en la cueva del lobo. En el universo del moe-moe-kyun ellas son los lobos y tú la presa. En este universo se cagan diamantes y se vomita arcoíris. Toda la comida tiene cara de osito o conejito, y los cafés te los sirven con el dibujo que más te guste. No hay más colores que los que tengan tono pastel, solo existe la felicidad y todo se dice canturreando. Para nosotros el moe-moe-kyun es un mundo desconocido. La camarera que nos sirve trata de abducirnos, de llevarnos a su mundo, a modo de vampiresa lanzándose a la yugular, pero gracias a que resultamos ser unos ineptos de aúpa conseguimos salir del envite sin grandes dificultades. Ella nos lanza un moe-moe-kyun a la cara mientras con sus manos hace la forma del corazón, pero se topa con un muro infranqueable compuesto por la cara de dos tíos con los ojos como platos y la boca bien abierta. Eso se considera una declaración de guerra en el mundo moe-moe-kyun, por lo que la reina madre de las moe-moe-kyun se nos acerca al rato. Hemos hecho soltar lágrimas de color rosa y sabor frambuesa a una de sus zagalas. Algo imperdonable. Viene con una sonrisa en la cara, pero sus ojos claman venganza. Está claro que no nos va a dejar irnos sin pasar por el aro. Ella no se pasa el día tirándose pedos Channel nº5 para que luego le vengan dos tíos y no sucumban a la filosofía moe-moe-kyun. Nos intenta vender su mundo y empieza a cantar palabras que no entendemos. Y cuando llega a la parte de moe-moe-kyun se calla y nos mira fijamente, expectante. Esta vez no vale con hacerse el loco. Nos lo hace repetir, haciendo corazoncitos con las manos, mientras sentimos como algo se nos muere por dentro. Decirlo es como tragarse cinco bollos de la pantera rosa al mismo tiempo. Me empiezo a avergonzar de haberme pedido una cerveza y no algo con la cara de Hello kitty. La reina nos abandona una vez nos lo ha hecho repetir varias veces. Tras un buen rato allí sentados, nos vamos sin saber que ha sido de nuestra hombría.

IMG_20150729_141351~2
Jon Imanol ojeando comics. Si está en la sección manga o en la de guarretes, se lo dejo a la imaginación de cada uno

Tras la experiencia paranormal en la cafetería nos vamos al Mandarake, otra tienda de la zona de Akihabara pero más extraña si cabe. Comenzamos por el último piso, repleto de figuras coleccionables de todas las series anime de la historia: Transformes, Caballeros del zodiaco, Son goku, etc. Tienen también reproducciones de tanques y aviones de guerra, cromos, etc. Me bajo a la planta siguiente con ganas de comprarme algo, pero no lo hago porque no son precisamente baratas. La planta de abajo está llena de comics manga que desconozco, evidentemente en japonés. Hasta aquí todo normal. Es en las tres siguientes donde se riza el rizo. Dos plantas a rebosar de comics y videos porno (unos explícitos y otros demasiado explícitos) y una tercera planta llena de ropa para muñecas. Está claro que sean cuales sean tus gustos, en Japón seguro que encuentras algo de tu agrado.

A la tarde del mismo día nos vamos al museo de guerra situado en el interior de Yasukuni shrine. Llegamos con menos de una hora hasta el cierre, así que nos movemos a toda leche para tratar de ver la mayoría de lo posible. Resulta ser un museo muy interesante, aunque es cierto que aporta una visión un tanto parcial de las guerras en las que Japón se ha visto envuelto a lo largo de su historia. No son pocos los que lo acusan abiertamente de revisionismo y ensalzamiento de un pasado agresivo. Se pueden ver tanques, locomotoras, metralletas pesadas, torpedos e incluso un zero y un spitfire. Pero lo que más me llama la atención es todo el trabajo de investigación que realizaron en la segunda guerra mundial en el campo de las técnicas suicidas. Al parecer, mientras otras potencias investigaban con misiles intercontinentales y con la energía atómica, Japón desarrollaba todo un variado rango de métodos de combate suicidas: aviones kamikaze, lanchas shinyo, submarinos kaiten, buceadores fukuryu, etc. Los submarinos kaiten eran torpedos tripulados monoplaza que al usar oxigeno comprimido como combustible resultaban mucho más difíciles de detectar al dejar menor rastro de burbujas en su trayectoria. Las primeras versiones de estos torpedos daban al piloto la opción de eyectarse antes de la aceleración final hacia el objetivo aunque no hay ningún intento de eyección documentado. En versiones posteriores este mecanismo fue eliminado. Hay bastantes discrepancias en torno a la efectividad de estos torpedos. Según los americanos, solamente un barco habría sido hundido con este sistema y las muertes causadas por el mismo en el bando americano habrían sido ligeramente superiores al número total de pilotos suicidas y a los pilotos muertos en la fase de pruebas. Otra técnica muy curiosa era la de los submarinistas fukuryu. Se trataba de submarinistas cuyo objetivo era impedir el desembarco de tropas enemigas. Para ello, se sumergían en zonas no muy profundas de la costa armados con largas cañas de bambú que tenían un explosivo en uno de sus extremos. En teoría, al acercarse la lancha de desembarco tenían que estrellar la bomba contra la lancha provocando su detonación, lo cual provocaría la muerte de toda la tripulación y más que probablemente la del buzo también. Nunca se llegó a poner en marcha debido a los malos resultados en la fase de pruebas en los que diversos buceadores acabaron falleciendo.

IMG_20150728_222935~2

Llega la hora de despedirme de Japón. Sin duda, un país increíble habitado por gente inigualable que espero volver a visitar en un futuro. Pero no solo me despido de Japón sino que también lo hago de quien ha sido mi compañero de viaje durante seis meses. Con quien he compartido experiencias inolvidables y quien me dio la oportunidad de realizar este viaje que al principio no podía más que soñar. Ander, espero que estés donde estés en este preciso momento, lo disfrutes al máximo. Siempre habrá tiempo para otra Steinlager bajo las estrellas de Nueva Zelanda.

furgo

Un comentario en “Tokio

  1. en el moe-moe-kyun, disteis toda una leccion nabarra, caras largas y ser borde en un principio.al final caisteis, pero dejasteis el pabellon alto! no nos llevaran a su mundo de piruleta y algodon de azucar!no!

    me ha gustado,julen, tendre que ir algun dia a japon despues de leer todo lo que he leido aqui.eso si, acaba ya el blog tio,si no no me va a quedar dinero para comer con tanto viaje que me vas a hacer hacer!

    P.D:Siempre habrá tiempo para otra Steinlager bajo las estrellas de Nueva Zelanda?que seguro que quedo muy romantico, pero suena un poco….

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s