Un día visitando templos

Voy a comenzar hablando de templos, ya que Japón está lleno de ellos. En realidad es posible que haya más pachinkos que templos, pero eso lo dejo para otro post, para cuando ya tengáis una idea general de lo que en este país se cuece.

Ofrendas a las deidades
Ofrendas a las deidades

Como iba diciendo, los templos están repartidos por toda su geografía. La gran mayoría de ellos pertenecen a una de las dos religiones mayoritarias del país: el sintoísmo, una religión animista de origen japonés que venera a deidades de la naturaleza, y el budismo, que les llegó desde el exterior. Algunos de estos templos son tan increíbles que te hacen detenerte a observarlos sin pestañear, tratando de plasmar cada pequeño detalle en el interior de una imagen mental que perdure mucho tiempo tras la partida. Pero lo que los convierte en un lugar único no es la arquitectura o decoración del templo en sí, sino el entorno en el que están situados. Bien por estar en el centro de un idílico jardín o bien por haber sido construido dentro de un bosque que te hace creer que basta con estirar el brazo para poder palpar la magia suspendida en el aire. Cualquiera de estos casos te anima a permanecer allí a disfrutar de la sensación de tranquilidad que se respira.

En mi visita a Kyoto pude ver un ejemplo de cada uno de estos casos: el templo sintoísta Fushimi Inari y el templo budista Kinkaku-ji. El día que fui con Ander a visitar varios de los templos en la zona de Kyoto no es que nos levantásemos tarde, pero para cuando llegamos todo se había llenado de turistas. Y lo malo de esta magia que como decía navega con el viento es la timidez, que la empuja a disiparse en presencia de un palo selfie. Y una horda de turistas japoneses los posee a millares. Por eso mismo, cuando una semana después vino Jon Imanol a pasar unos días con nosotros viajando por Japón y decidimos ir de nuevo a Kyoto, decidí que madrugar para volver a visitar esos templos cuando todavía nadie ha despertado era la mejor de las ideas.

Corredor de toriis con las ofrendas de los donantes
Corredor de toriis con las ofrendas de los donantes

El templo Fushimi Inari está situado en el monte Inari. Dedicado al dios del arroz Inari, que como todos en estos tiempos de crisis ha sabido reinventarse y tras un lavado de cara ahora también lo es de los negocios. Lo más conocido de este templo son los corredores compuestos de toriis o puertas de color naranja que te llevan hasta la cima de este pequeño monte. La diferencia de ir estando abarrotado o teniendo todo el espacio que quieras es más que notable. Pasas de no disfrutar el paseo y querer largarte cuanto antes a maravillarte de todo aquello.

Jon Imanol descansando tras una dura ascensión de escaleras
Jon Imanol descansando tras una dura ascensión de escaleras

Jon Imanol y yo pudimos pasear prácticamente en solitario hasta la cima, parando a sacar alguna foto de vez en cuando. Desperdigados por el monte te encuentras antiguos cementerios y pequeños templos que el musgo hace tiempo ha comenzado a invadir. Sin duda mereció la pena madrugar para una segunda visita.

Escaleras hacia el cielo
Escaleras hacia el cielo

El guardián del pasadizo
El guardián del pasadizo

El troll del pasadizo
El troll del pasadizo

El templo perdido
El templo perdido
El torii flotante de Itsukushima
El torii flotante de Itsukushima

Los toriis que os comentaba, que en el templo Fushimi Inari se encuentran desperdigados por todo el monte, son puertas que se pueden encontrar en todos los templos sintoístas y que se supone separan lo profano de lo sagrado. Uno de los toriis más conocidos de Japón es el torii flotante de Itsukushima, situado en la isla de Miyajima. Una isla a la que fui con Ander tras nuestra visita a Hiroshima. Isla invadida tanto por turistas como por ciervos, estos últimos se te acercan silenciosamente a pedir comida restregándote el cuerno por la espalda. Animal pacífico hasta que se topan con una bolsa de papel, momento en el que cambian el chip a modo “hiena” y se abalanzan a por ella como si no hubiera un mañana, haciéndola pedazos y tragándosela en cuestión de segundos. Volviendo a lo del torii, si consigues sacar una foto de la puerta situada en medio del mar sin que nadie interfiera en tu camino, es posible conseguir alguna que otra foto bastante decente.

Ciervo descansando frente al gran torii
Ciervo descansando frente al gran torii
Niño tocando las narices al ciervo que probablemente ya no descansa
Niño tocando las narices al ciervo que probablemente ya no descansa
Reflejos de oro
Reflejos de oro

Tras Fushimi Inari, que se encuentra en el sur de Kyoto, nos movimos hasta el norte a visitar el templo dorado de Kinkaku-ji. Para cuando llegamos ya eran las nueve pasadas y la gente se apiñaba frente a las vallas de madera intentando sacarse una foto con el templo de fondo. Pero aunque el templo esté medio oculto tras una montaña de fotógrafos pararrayos en mano, no te arrepientes de haber ido. Al ver el templo dorado a orillas de un lago rodeado de verdes árboles y con pequeñas islas flotando en su interior, creando un paraje que de tan bonito parece artificial, es difícil arrepentirse.

El templo dorado
El templo dorado

Pero lo cierto es que salvo esta panorámica del lago con el templo de fondo poco más hay que merezca la pena. El resto de la visita al templo se convierte en seguir un camino de una única dirección que te lleva hasta la salida junto a muchos otros visitantes que te hacen imposible no pensar en asustadizas ovejas avanzando en grupo azuzadas por los ladridos de un perro. En este trayecto lo único curioso que te encuentras son grupos de turistas lanzando monedas a vasijas de piedra situadas fuera del camino. Los japoneses son gente supersticiosa y no van a desaprovechar la oportunidad de meter una moneda en un recipiente de piedra si ello les procurará suerte o felicidad. Y por supuesto los monjes no son tontos. Por lo que de camino a la salida te encuentras con varias de estas vasijas, con cientos de monedas esparcidas por el suelo a su alrededor y decenas de sonrientes turistas frente a ellas intentando acertar, moneda tras moneda. Todo sea por la tan ansiada felicidad. Pero se de unos que aparte de cobrarte entrada, luego se pasan horas y horas contando monedas.

Lago frente al templo dorado
Lago frente al templo dorado

2 comentarios en “Un día visitando templos

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