Islas Gili

Llegamos a indonesia con la intención de visitar el parque nacional de comodo ya que irnos sin haber sido perseguidos por un dragón no nos parecía de recibo. Pero tras sulawesi no tenemos días suficientes para ir hasta la isla de flores y regresar a Jakarta, por lo que a última hora hacemos un cambio de planes. En su lugar nos decidimos por el buceo y días de relax en las islas Gili.

Y por fin, señoras y señores, tras más de cuatro meses de viaje consigo ver mi primera tortuga.

Relax en la playa
Relax en la playa

Esto sucede en la segunda mañana que pasamos en Gili Air. Nos vamos a hacer snorkel a un arrecife cercano a la costa lleno de vida en el que vemos peces de todo tipo, alguno incluso con bastante mala pinta. Y de repente nos encontramos nadando a menos de dos metros de una tortuga que con su poderoso pico va destrozando el coral mientras buscando alimento deja una estela de polvo blanco a su paso. Al parecer, este ser tan pacífico y pausado no tiene reparos a la hora de destrozar el arrecife de coral que tanto tiempo ha invertido en su génesis.

Atardecer en Gili Air
Atardecer en Gili Air

Dos días tras habernos topado con mi primera tortuga, encontrarnos con una de ellas se habrá convertido en algo tan habitual como un día de lluvia en abril. En la isla de Gili trawangan conocemos a Víctor, alguien que como comerciante no tendría precio pero que como instructor de buceo tampoco es que lo haga mal. Convence a Ander para que se saque el título de buceador avanzado y a mí el permiso de buceo en profundidad. Cierto es que se lo pusimos fácil, ya que ambos estábamos deseosos de poder sumergirnos hasta los treinta metros. Con Víctor hacemos una de las mejores inmersiones que he realizado hasta la fecha, en la que pudimos ver tiburones de cola blanca, enormes meros e impresionantes bancos de peces. Por no mencionar decenas de tortugas verdes. Y todo eso a la vez. Una auténtica gozada.

Aprovechando que aunque estamos en mitad del ramadán en la isla de trawagan hay más ambiente que en la de air, tomamos unas cañas junto a Sabrina la gitana y Tamara, una suiza que habla mejor castellano que yo. Volvemos a desempolvar nuestras habilidades innatas al beer pong dando nuevamente una demostración de cualidades fuera de lo común.

Viaje en patera
Viaje en patera

Como suele suceder con todo lo bueno, el final acaba llegando. Abandonamos las islas en una embarcación cuyo parecido a una patera era excesivo para mi gusto. Para mayor disfrute del trayecto tuvimos que elegir el día con mayor oleaje. La embarcación se balanceaba al son de las olas con la borda tan próxima al agua que parecía que en cualquier momento una de ellas acabaría haciéndonos volcar. Lo único que se superponía al ruido del motor eran los gritos de varias niñas cada vez que ascendíamos hacia la cresta de una ola hasta que el capitán, por nombrar de alguna forma al tío que sujetaba el volante, les gritó haciéndoles callar. El chaval o tenía los mismos registros faciales que Chuck Norris o era el único que no estaba acojonado. Personalmente, tener en la cabeza rondando la imagen de nuestra llegada, en la que vimos una de estas embarcaciones volcada con todos sus pasajeros en el agua a su alrededor, sinceramente no ayudaba. Y menos teniendo en cuenta que aquel día la mar estaba en calma. Pero por suerte llegamos a buen puerto teniendo un único calzoncillo mojado.

Siguiente destino, Japón.

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