Nueva Zelanda

Por fin ha llegado el día. Nos adentrarnos en Nueva Zelanda, aunque no de cualquier manera. Lo haremos a lo grande. Cuando lo aquí narrado acontece, ya llevamos catorce días atravesando este increíble país a bordo de nuestra nueva furgoneta. Durante ese lapso de tiempo me parece haber experimentado de todo: hemos sido perseguidos por leones marinos, hemos visto constelaciones en las profundidades de la tierra, hemos atravesado antiguos bosques de piedra. Pero todo ello tendrá que esperar. Ahora es el momento de comenzar con una aventura épica.

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Todo comienza una semana antes. Planeamos hacer el Milford track, considerado uno de los recorridos más bonitos del mundo, a través de las magníficas Fiordlands de Nueva Zelanda. Al ser un recorrido de cuatro días es necesario pasar noche en alguno de los albergues esparcidos a lo largo del mismo. Pero tarde es cuando nos enteramos de que si no has hecho una reserva con seis meses de antelación, te puedes ir olvidando. Un auténtico jarro de agua fría.

Por suerte nos ofrecen otra alternativa: el Kepler track. Debido a una cancelación, en 5 días tendremos dos camas disponibles en uno de sus albergues. Se trata de un recorrido similar que poco a poco ha ido adquiriendo fama, y en la actualidad es tan transitado que reservar alguno de sus albergues comienza a ser tan difícil como lo es en el Milford track. Habiéndose liberado espacio solo en un albergue, tendremos que completarlo en dos días, aún tratándose de un recorrido pensado con la idea de realizarse en tres o cuatro. Aceptamos el reto ya que es nuestra única oportunidad de conocer aquella zona.

Llega el día de ponerse en marcha. Tras toda una noche lloviendo, al despertarnos no tiene pinta de ir a parar. Son las 5:30 de la mañana. La idea inicial es comenzar antes del amanecer para realizar las dos primeras etapas con tranquilidad, llegando al albergue antes de la caída de la noche. Pero el tiempo no acompaña y la idea de empezar bajo tan intensa lluvia no nos empuja a dar el primer paso. Decidimos esperar a ver si la lluvia remite, echándonos a dormir otro rato. Un rato demasiado largo.

Bosque encantado
Bosque encantado

Cuando nos volvemos a despertar son las 9:30am. Cae una ligera llovizna y a lo lejos se ven algunos claros. Es ahora o nunca. Lo malo: hemos perdido cuatro horas. Tenemos por delante una caminata de entre diez a doce horas, cuesta arriba en su mayoría. Vamos a tener que darle caña si queremos llegar antes que el anochecer. Pero este nuevo reto nos da energías. Salimos del aparcamiento con ganas de ver lo que nos depara el día. Con la mente despejada de toda duda ponemos todo nuestro empeño y esfuerzo en encadenar un paso tras otro. Al poco rato, siguiendo un sendero que atraviesa un bosque, nos damos cuenta que al abandonar la furgoneta hemos tomado la decisión correcta. Estamos rodeados de altos árboles que compiten por tocar el cielo, con un manto verde no de hierba sino de musgo extendiéndose por todos lados. El musgo más suave y agradable que jamás haya visto. Dan ganas de tumbarse a ver pasar el tiempo. Y a pocos metros del sendero, el bosque de repente desaparece dando paso a una playa que bordea un extenso lago, creándose un hermoso contraste.

La lluvia arrecia aunque bajo los árboles apenas la notamos. Poco a poco el sendero se va elevando hasta convertirse en un empinado camino que zigzaguea para subir una colina. Vamos a buen paso intentando recuperar el tiempo perdido, aunque una hora después de haber comenzado con la ascensión el peso de la mochila se empieza a notar. Ambos vamos con las mochilas grandes ya que tenemos que llevar con nosotros mantas y ropa abrigada para pasar la noche, aparte de comida para dos días, agua y utensilios para cocinar.

Llegando al primer refugio
Llegando al primer refugio

Cada vez los árboles nos cubren menos. Entre el sudor y la lluvia ya estoy del todo empapado. Ander va unos metros por delante mía; es de ese tipo de gente que necesita que alguien les mire el culo. Tras lo que me parece media vida, sensación que se repetirá mucho durante los próximos dos días, llegamos al linde del bosque y con ello al final de la interminable cuesta. Poco dura mi felicidad. Al desaparecer los árboles ya no hay vegetación que nos proteja y quedamos a merced de un fuerte viento del este que arrastra consigo cuchillas de hielo. El granizo se amontona entre los hierbajos y se nos clava en la cara. Las manos se nos congelan. Avanzo encorvado y con la capucha del impermeable casi del todo cerrada.

El primer refugio
Vistas desde el primer albergue

Cuando alcanzamos el primer albergue, el granizo ya ha cedido dando paso al sol. Un pequeño claro nos permite al fin contemplar el paisaje desde lo alto, dejándonos casi sin aliento. Muy por debajo de nuestra posición y a lo lejos, vemos un bonito lago rodeado de picos cubiertos de nieve dorada a causa de los rayos del sol. Al mirar el reloj nos damos cuenta de que solo han pasado tres horas desde que salimos del aparcamiento. Hemos recuperado dos horas de lo marcado en el mapa. Buenas noticias.

Nubes de tormenta
Nubes de tormenta

Tras un revitalizador plato de pasta con atún y huevo cocido nos ponemos de nuevo en marcha. Estando todavía húmedos no es muy agradable tener que volver a salir. Por suerte aunque hace bastante viento el sol sigue brillando. Ya nos habían avisado de lo cambiante del tiempo en esta zona, pero nos sigue sorprendiendo poder ver el sol cuando hace nada granizaba como si no hubiese un mañana. Avanzamos por un sendero que asciende hacia las desnudas cumbres. No se ve nada aparte de piedras y algo de nieve. Y lo peor parece que está por llegar. Nubes negras como el carbón vienen hacia nosotros desde el noreste, y no parece que traigan nada bueno. Al ritmo que avanzan, en menos de una hora estarán sobre nosotros, y todavía nos quedan unas cuantas antes de llegar a nuestro albergue. Según vamos ascendiendo y las nubes se aproximan, el viento aumenta en intensidad. Para cuando alcanzamos la primera cumbre se ha transformado en una ventisca de cuidado. Y no es más que el principio.

Caminando por entre las cumbres
Caminando por entre las cumbres

El sendero serpentea de cumbre en cumbre. El trozo que recorremos cruza la loma expuesta al viento. Ráfagas de viento acometen una y otra vez contra nosotros. Me empuja con tanta fuerza que tengo que andar en diagonal, en contra del viento y de cara al barranco para no salirme del camino. Además, la mochila lo empeora todo. También sufre el impacto del viento y me arrastra con ella. La tormenta sigue acercándose. La nieve hace acto de presencia. El viento nos la lanza a la cara y se acumula en algunos puntos del camino, por lo que hay que tener cuidado al pisar. Llegamos a una arista que une dos cumbres, completamente expuesta al viento. Comenzamos a atravesarla. A medio camino una ráfaga me lanza hacia la derecha. Piso fuerte para no salirme pero un segundo después, el viento cambia de dirección y me ataca por el lado contrario, cogiéndome desprevenido y a contra pie. Se me ponen ojos como platos. Con la nieve que arrastra, ha sido como si una enorme mano blanca me hubiese dado un par de bofetadas, zarandeándome a placer. Como a un muñeco de trapo. Ander me mira desde el final de la arista, sin acabar de creérselo. El también se ha llevado un buen par de tortas de nieve.

Por fin llegamos al primer refugio de emergencia. Nos metemos cinco minutos para entrar en calor y comer unos frutos secos. Visto lo rápido que cambia el tiempo no queremos entretenernos demasiado. La tormenta nos sigue los talones. El mapa marca dos horas hasta el siguiente refugio de emergencia, de pico en pico como hasta ahora. Las manos las tengo congeladas, por lo que imitando a Ander me pongo un par de calcetines a modo de guantes antes de ponernos de nuevo en marcha. La nieve cae de lado. El sendero esta vez queda al resguardo del viento, así que llega con menor intensidad. Esperemos haber pasado lo peor.

Es imposible ver nada del paisaje que nos rodea. Gracias a un viento más suave, el tramo nos resulta más sencillo que el anterior. Una hora después llegamos al segundo refugio de emergencia sin grandes dificultades. Ya más tranquilos, sabedores de que el último tramo que nos queda transcurre a través de una arboleda y que en su mayoría es cuesta abajo, nos permitimos descansar durante un rato más largo que en el anterior. Al salir del refugio, el panorama que veo me resulta irreconocible. Todo está blanco. No para de nevar y según avanzamos vemos que una capa de unos treinta centímetros cubre ya el suelo. De seguir así, el camino quedará intransitable dentro de poco.

Bosque nevado
Bosque nevado
Rodeados de nieve
Rodeados de nieve

Llegaremos al albergue una hora y media después, tras haber descendido mil metros atravesando un hermoso bosque nevado y habiendo transcurrido siete horas y media desde que salimos de la furgoneta. Habíamos conseguido llegar antes que la oscuridad. En el albergue, el ranger a cargo de la zona nos dirá que debido a la gran nevada el camino por el que habíamos llegado había sido cerrado, con lo que nadie podría atravesarlo al día siguiente. Habíamos sido los últimos en hacerlo. No pudimos disfrutar del paisaje, pero la experiencia había merecido la pena.

Atravesando el bosque
Atravesando el bosque

El día siguiente, el del regreso al aparcamiento, aunque mucho más sencillo, se nos hará infinitamente más largo debido al cansancio. Siete horas de caminata bajo la lluvia en gran parte. Atravesaremos de nuevo hermosos bosques y descubriremos la gran variedad de pájaros que habitan la zona. Es increíble el poco miedo que tienen algunos de ellos a los humanos. Muchos se acercan curiosos si te quedas quieto. Hicimos la prueba con uno regordete y de oscuras plumas, que se fue acercando poco a poco, mediante cortas y rápidas carreras en zigzag, hasta subirse a una de mis zapatillas a picotearme los cordones. No tardó en irse por donde había venido. Puede que mis zapatillas sean demasiado transpirables.

3 comentarios en “Nueva Zelanda

  1. ¡Grande, Julen!

    Todos mis respetos por hacer el Kepler track en 2 días. Yo lo hice en 3, siendo doble la última etapa, y se nota el cansancio. Una pena el clima, porque el lugar es increíble y hay mil rincones para detenerse y disfrutar.

    Las aristas que mencionas las conozco, y con rachas de viento que a veces superan los 100 km/h sé que no sería nada fácil. Para una próxima vez, echaros unos crampones a la mochila porque cualquier medida de seguridad es poca.

    ¡A seguir disfrutando del viaje por la isla Norte!

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  2. Jode Julen por un momento parecías legolas decribiendo las aventuras de la comunidad del hornillo!!jejeje.

    Ederra testua. Gezurra badirudi ere kriston enbidia eman didazue holako ibilaldiarekin. Eguraldi txarrarekin gauzak irtetzen direnean zapore hobeagoa uzten dizu.

    Animo!!

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  3. Muy grande, luchando contra los elementos. Parece que rozó los niveles de épica de la travesía al Triglav. Lo mejor la frase: “Ander va unos metros por delante mía; es de ese tipo de gente que necesita que alguien les mire el culo”. Jaja!

    Ah, he buscado el Milford Track y pone esto. Igual ahora lo podeis hacer sin reservar, aunque con más riesgos:

    Outside the Great Walks season (30 April 2015 – 26 October 2015):
    Facilities, including bridges, are greatly reduced
    Flood and avalanche risks exist
    Experience is required
    Bookings are not required – huts are first come, first served

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