Sagada

Amanecer en Batad
Amanecer en Batad

Madrugamos para llegar a Batad Saddle point a las 6:30am. Somos los primeros en despertar de todo el pueblo. Es temprano incluso para los gallos, que de momento parecen guardar silencio. Comenzamos la ascensión iluminados por la luz de la luna y vemos como al poco de salir el sol se despereza, cubriendo las montañas con un manto anaranjado. Menos de una hora después llegamos al alto, medio sudando pero con tiempo de sobra.

Montañas de humo
Montañas de humo

Tras volver a Banaue en triciclo nos montamos en una furgoneta que nos lleva directos a Sagada. En el trayecto vemos los focos de varios incendios y una gran nube de humo rodeando las montañas. A alguien se le ha ido la hoguera de las manos. Desde nuestra llegada a Filipinas hemos visto por todos lados carteles indicando que marzo es el mes de la prevención contra incendios. Es cierto que a los filipinos les gusta eso de quemar cosas, y es raro no toparse con una hoguera frente a una casa o al borde de la carretera. Pero salvo estas pequeñas fogatas, no hemos visto mayores estragos. Es al llegar al norte cuando somos testigos de la locura que invade el país en lo que a las llamas se refiere. Mejor dejamos este tema para otro día.

Ataúdes en la pared del barranco
Ataúdes en la pared del barranco

Entrada a una cueva repleta de ataúdes
Entrada a una cueva repleta de ataúdes

Al llegar a nuestro alojamiento en Sagada nos topamos con Ed. Aún siendo un hombre muy ocupado, al final vamos a disfrutar de su compañía durante los dos días que pasaremos allí. Nada más llegar nos pegamos una ducha y comemos una hamburguesa en el Misty Lodgue que nos sabe a gloria. Una de las cosas que más nos va a sorprender de nuestra estancia en este pequeño pueblo de unos doce mil habitantes es lo bien que se come. Una vez finalizada la hamburguesa damos una primera vuelta en compañía de Sotero, nuestro guía en Sagada, y Ed, que nos acompaña durante un trecho. Atravesamos una cueva en la que la gente suele dejar un pequeño montón de piedras apiladas, ya que al hacerlo la leyenda dice que volverás de nuevo a Sagada. Después paseamos a lo largo de una garganta en la que vemos algo muy curioso. En la parte alta de los barrancos que nos flanquean, tanto asomando desde cuevas como clavados en las paredes, se pueden ver decenas de ataúdes. Se trata de una tradición que pertenece a una tribu originaria de filipinas, anterior a la llegada de la religión anglicana instaurada por los americanos. Según esta tradición, cuanto más alto se pone el ataúd más cerca se encuentra el difunto de dios. A día de hoy todavía existen miembros de la tribu que la ponen en práctica y si no me equivoco, se enterró por última vez a alguien siguiendo este curioso rito en el año 2011. Los más estrictos, los que siguen el antiguo método al pie de la letra, ponen al difunto en posición fetal, por lo que se ven ataúdes realmente pequeños.

Huesos esparcidos por el suelo
Huesos esparcidos por el suelo
Los restantes lo hacen respetando la nueva religión cristiana, utilizando ataúdes más grandes en los que el difunto queda del todo recostado. Algunos de los ataúdes son tan viejos y la madera está tan carcomida que es posible ver el esqueleto del interior.

Terrazas de Sagada
Terrazas de Sagada

Al día siguiente viene lo bueno. A solas con Sotero nos vamos a la Cave Connection. Ed, aparte de haberlas visitado unas cuantas veces ya, parece estar más ocupado que el Papa en semana santa, por lo que no nos acompaña. La Cave Connection son varias cuevas interconectadas que nos cuesta unas dos horas atravesar siguiendo el recorrido más largo. Ander y yo disfrutamos como niños. Dos intensas horas sin paradas, a través de una cueva que no es la más vistosa que hayamos visitado pero sí de las que más hemos disfrutado. Nada de caminitos asfaltados para turistas que van sacando fotos con la tablet. A los cinco minutos de entrar ya estoy sudando del esfuerzo. Por dos veces nos tenemos que quitar las zapatillas y arremangarnos el pantalón para atravesar ríos subterráneos. Disfrutamos de cada gota de sudor y conseguimos sorprender a Sotero, tanto por obligarlo a apretar el paso como por negarnos a usar sus hombros o rodillas como punto de apoyo. Eso si, como buen filipino el va en chanclas mientras que nosotros llevamos zapatillas. Parece que Hawaianas sigue siendo el patrocinador oficial del país.

Cena con Ed
Cena con Ed

A la tarde de nuevo los cuatro nos vamos de paseo. Caminamos hasta el alto de una montaña que queda cerca de una enorme antena de telefonía. Casualidades de la vida, la antena pertenece a la compañía que tanto Ed como Ander y yo utilizamos. Estoy seguro de que Sotero se queda ojoplático al ver como nada más llegar, lo primero que hacemos es sentarnos y desenfundar el móvil. No es que seamos internetedependientes. El problema es que en el norte la conexión es muy mala, y no es fácil lograr conectarse. Por lo que es difícil desaprovechar la oportunidad que nos presenta este oasis de la información.

Al día siguiente llega la hora de la despedida. Sagada a resultado ser un lugar tranquilo y hermoso que se merecía más tiempo del que le hemos dedicado. Tal y como dice Ed, es un lugar que te invita a quedarte y a vivir la vida de una sola persona. Poco poblado y con cero delincuencia, repleto de la gente cien por cien filipina que tanto hemos llegado a apreciar. Pero ahora un gran reto llama a sus puertas: el turismo. Empieza a ser un destino muy deseado. Esperamos que aprendan rápido a manejarlo con cabeza y de la forma más beneficiosa para todos.

Nos subimos a un autobús tras decir adiós a Ed. Unas trece horas nos cuesta llegar a Manila, haciendo una parada en Baguio. Lo más curioso es que tras comprar el billete Baguio-Manila, nos vamos a dar una vuelta para hacer tiempo y enterarnos al volver de que han vendido nuestros asientos. Volvíamos con el tiempo justo y se ve que 5 minutos antes de la salida se venden de nuevo los asientos que no están ocupados. Al encargado de los billetes, quien resulta ser un buen hombre, se le ve preocupado. Es la primera vez que se encuentra en esta tesitura. Al final llegamos a un acuerdo: viajaremos sentados en el asiento del copiloto y en las escaleras del pasillo, hasta que alguien se baje liberando su asiento. Cien por cien filipino style. Al llegar a Manila vamos directos a casa de Annibon, la madre de Kara. Es la tercera vez que nos presentamos allá y en contra de lo que es de esperar nos sigue recibiendo con los brazos abiertos. Con la de gente que ha pasado por su casa estos días se tiene ganado el cielo. Esperemos poder visitarla en un futuro por cuarta vez. Muchas gracias a todos!

3 comentarios en “Sagada

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