Coron II

Bonitas vistas
Bonitas vistas

Mientras yo me sacaba el certificado Ander y Roberto se dedicaban a bucear entre barcos hundidos en la segunda guerra mundial y a dar vueltas en moto por la isla. Yo tenía miedo de sacarme el certificado pero no tener luego la oportunidad de bucear en alguno de los muchos barcos hundidos por la zona. Por suerte, el último día del curso de certificación lo acabamos recorriendo las pasarelas del East Tangat Gunboat. Es increíble la sensación de nadar en pasarelas donde hace no mucho la gente corría azuzada por el sonido de las alarmas y el estruendo de las bombas, y fijarte en los cangrejos y peces que ajenos a aquel ruido que solo reverbera en las paredes de la memoria prosiguen con su vida en un arrecife que poco a poco gana terreno al recuerdo.

Foto con la dotación
Foto con la dotación
Rommel al rescate
Rommel al rescate

Una vez libre de toda obligación, nos fuimos nuevamente de tour entre diversas islas. Fue un día que todos disfrutamos. Vimos hermosas playas y lagos ocultos. Conocimos gente y nos reímos. Para variar los filipinos que componían la dotación del barco resultó ser gente muy amable. Charlamos ampliamente con Tutu el cocinero y disfrutamos de la compañía de Rommel el hombreparatodo. Rommel nos siguió durante todo el día haciéndonos de fotógrafo personal, y lo cierto es que como fotógrafo no tenía precio. No paraba de sonreír y estaba en todos los lados a la vez, ofreciendo su ayuda a todo aquel que la necesitase. Difícilmente olvidaré como agarrándolos por el chaleco arrastraba a los chinos de uno en uno de vuelta a la barca, mientras que estos se dedicaban a grabar con la GoPro. “Ole sus cojones cuadrados”, pensaba yo. “Solo les falta que les ofrezca algo para beber”. Pero lo importante de todo esto era que Rommel no paraba de sonreír.

Playa cuyo nombre no recuerdo
Playa cuyo nombre no recuerdo
Tutu el cocinero
Tutu el cocinero

Al día siguiente nos fuimos a pasar la noche a la casa del padre de un par de chicas que trabajaban en el hostel. Pensábamos que era una oportunidad inmejorable de pasar la noche con gente cien por cien filipina y lejos de todo turista. No éramos los únicos con esa idea y al llegar nos topamos con dos belgas y un judío ya alojados en la casa. Pero fue una experiencia que disfruté ya que nos permitió hacer cosas que de otra manera no habríamos hecho. La noche en la que llegamos, por ejemplo, nos embarcamos en un pequeño banca y nos fuimos en busca de luciérnagas bajo la luz de la luna. Ya solo el viaje atravesando un mar en penumbra fue suficiente para disfrutar de aquella aventura. Pero al llegar al lugar donde las luciérnagas se concentran, vimos cómo estas revoloteaban entre las ramas de un árbol a orillas del mar, como si de un árbol de navidad se tratase. Todas revoloteaban al alcance de la mano, ajenas a nuestra presencia.

Uno de los lagos
Uno de los lagos

El segundo día nos fuimos de pesca. Una mañana tranquila acompañados por dos filipinos que nos preparaban el equipo de pesca y nos llevaban de un sitio a otro, intentando que todos pescáramos algo. Al finalizar la mañana Ander era quien más peces había logrado pescar con un total de siete. Yo me quedé el segundo, con tres peces pero uno de ellos de primer nivel según nos comentaron los filipinos. Y el último Roberto, con un pececillo y 5 pedazos de arrecife. No nos riamos mucho del hombre, la suerte no siempre puede estar del lado de uno. Fue gracioso ver a Ander subir descuidadamente a la barca mientras los filipinos corrían apresuradamente a la borda contraria para evitar que la barca volcase.

Ander y yo
Ander y yo

Esa misma tarde regresamos a Coron city. Roberto se iba a la mañana siguiente a Manila para viajar unos cuantos días en solitario por el norte. Nosotros en cambio, aprovechábamos para descansar y tratar de poner el blog al día, una tarea que resultó del todo imposible. De lo poco que hicimos durante esos días fue ir hasta un mirador a ver el atardecer y visitar las aguas termales. Estas últimas me sorprendieron gratamente. El lugar es muy bonito. Y es cierto que mientras nosotros íbamos a descansar y desconectar, la gente se acercaba para pasar un rato con sus amigos y hablar con ellos. Así que mucho silencio no había. Pero todo cambia en el lugar que une las termas con el mar, separados solo por un muro de madera. Una vez atravesado el muro, el mar abierto se abre ante ti. A lo lejos puedes divisar islas cubiertas de palmeras medio ocultas por la oscuridad. Y la luna llena espera en lo más alto, observándolo todo desde su privilegiado lugar. Allí, rodeado de agua, ves como su luz llega hasta ti, atrapada en las crestas de cientos de pequeñas olas. Otro más de esos momentos perfectos.

4 comentarios en “Coron II

  1. Tengo una duda existencial. Si el mar abierto se abrió ante ti, ¿eso es que antes no estaba abierto, no? No le pongas puertas al mar Julen, no sea que un día de estos se cierre de un portazo…

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